La obra de Héctor Pablo refleja el goce del artista al pintar y su particular forma de reflejar lo cotidiano mediante escenas infantiles. En sus figuras logradas mediante trazos precisos y la fuerza de colores apenas mezclados consigue la expresividad necesaria para invitarnos a jugar, a querer adentrarnos en la escena y participar con él, volar papalotes, jugar al balero, imaginar que volamos…Pero también se interesa por reflejar el entorno social en el que ha desarrollado su arte, plasma tradiciones y manifestaciones culturales: una calenda, un día de muertos, vestimentas propias de las diversas regiones oaxaqueñas, juguetes, artesanías y actividades diversas que a través del pincel de Héctor Pablo pierden el peso de la cotidianeidad y adquieren un carácter lúdico. Y es que el juego es más importante de lo que parece y mucho más que una actividad recreativa propia de infantes. No es fácil negarse a participar de una actividad como esta, más bien todos queremos ser parte y cómplices de ella. La expresividad lograda en cada pintura, plasmadas con la sencillez que caracteriza al mundo infantil, nos hace recordar el gozo experimentado al realizarlas y, al no poder integrarnos, una leve sonrisa es promesa de que apenas sea posible, volveremos a jugar…